Acuerdo Humanitario

ACUERDO HUMANITARIO EN LA CERCANIA DE LA REALIDAD O IRREALIDAD COLOMBIANA
Cerca de 8 años en el poder el presidente Álvaro Uribe Vélez y aún no logra una solución con el tema del secuestro y la violencia en Colombia; el gobierno colombiano no está preparado para asumir una política de paz, por cuanto está montado y comprometido con una estrategia de guerra contra el movimiento popular y el movimiento insurgente. La persecución, el atropello, la violación de los derechos humanos lo confirma día a día, pero también el ajuste a la legislación, como el estatuto antiterrorista, lo alejan cada vez más de una verdader
a opción de paz.
No podemos hacernos ilusiones que los caminos de la paz sean posibles en este gobierno; existe un ambiente tenso y lleno de desconfianzas, a más de las producidas en 40 años de guerra, la agudización de la confrontación cotidiana las ha exacerbado. Pero sea hoy o en el futuro es una obligación trabajar por alcanzar este objetivo cierto para la patria.
Por ser un momento sumamente complejo, de múltiples heridas abiertas, se requiere tratar el asunto de la paz con responsabilidad y seriedad. Fenómenos como el diálogo del Gobierno con los paramilitares acrecienta las tormentas de la incertidumbre. Para alguna persona éste, es un "diálogo entre aliados", pues la verdadera guerra de los paramilitares ha sido esencialmente contra la población desarmada e indefensa, los registros de tal "confrontación" son ampliamente conocidos en las listas de masacres, en los
cientos de miles de víctimas y en los millones de desplazados, todos ellos gentes pobres y humildes. Esta es la prioridad a resolver, antes que aplicar la generosidad a los victimarios y de legalizar las grandes fortunas que los jefes paramilitares acumularon en el negocio del narcotráfico.
Trabajar por la paz de Colombia es también un aporte en la construcción de la paz en el mundo, por eso propugnamos por un proceso abierto a la contribución internacional.

